septiembre 07, 2008

el que da y quita, con el diablo se desquita

Casi siempre las personas tendemos a ser generosas con quienes más apreciamos, es la manera de demostrarles que son importantes para nosotros. La mercadotecnia de las "fechas especiales" hace de nosotros elementos de consumo, autómatas de la compra-venta, y así, se nos pasa la vida llevando y trayendo cosas de un lado para otro, aun cuando las personas que lo reciben se hayan ido, buscamos siempre otras manos en las cuales depositar otra vez, las mismas cosas. Sin embargo, los seres humanos también somos egoístas, queremos atenciones, halagos, cariños sólo para nosotros. Una de las más grandes perogrulladas dicta que el hombre es un ente social pero, si es tan social, ¿por qué se empeña en destrozar a quien tiene al lado que piensa y siente diferente, que es en sí, un ser diferente? o peor aún, ¿por qué se fija en la mente la idea de aislarlo, de quitarle lo que, mereciéndolo o no, posee? Probablemente todos tengamos un margen de bipolaridad preciso, uno que no rebasamos y nos permite estar en equilibrio la mayor parte del tiempo; polo negativo y positivo se neutralizan uno al otro dotándonos de cualidades discretas hacia uno y otro lado. Si preguntáramos a algún guía, que bien podría ser nuestra madre, lo más seguro es que dijera que eso se llama conciencia. Pero, ¿qué sucede cuando esa "conciencia" o el mentado equilibrio sale de su lugar y entonces se desbalaga la sustancia positiva o negativa, más probablemente la segunda? Pues bien, al parecer, mientras una persona se encuentra feliz y satisfecha es capaz de deshacerse en atenciones hacia los demás, como ya dijimos, es capaz de hacerse llevar como un autómata de la mercadotecnia, situación que cambia cuando su equilibrio deja de estar en la balanza y entonces el nivel no entra en la burbuja, porque es cuando, como "surimi" (sic) arraza con todo lo que encuentra a su paso, importándole poco lo que se lleve de accesorio en su travesía, que normalmente es directamente proporcional con la cantidad de ira que se tenga en el momento. ¿Quién no ha escuchado alguna vez de parte de una madre, propia o ajena, "si no cuidas esos juguetes, los reyes se los van a llevar"? y entonces, como por un inexplicable acto de prestidigitación el niño recoge, cuida y guarda; satisfecho de burlar la magia de, él no lo sabe, sus padres? Bien, esa misma actitud de "dar y quitar" es la que, de común, encontramos en las personas, como mascotas somos amaestrados en la escuela y en la casa, si te portas bien, te doy un dulce, una paleta, ya de perdida una estrella de papel llena de saliva al reverso; es así, que crecemos en esa idea de "dar" en cumpleaños, aniversarios, graduaciones, etc, etc, cuando se está feliz (o el compromiso es muy grande) y "quitar" cuando se está enojado, frustrado, celoso, etc, etc, etc. Los mexicanos tenemos antídoto para todo, y en este caso, la solución es aplicar el clásico: "el que da y quita, con el diablo se desquita".

07/11/07

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